La democracia asesinada: una cronología del golpe en Brasil

Revisión de Sofia Dowbor

La prisión de Lula en la noche del jueves 5 de abril marca la culminación de un golpe cuidadosamente planeado y puesto en marcha desde 2014. Las versiones de los medios de comunicación fuera de Brasil sólo reproducen las de los grandes grupos de comunicación brasileños, todos en manos de 5 o 6 familias de la élite involucrada en el golpe. Se presenta en este texto una cronología explicativa de los eventos. Agradezco hacerlo circular con urgencia. La situación en Brasil es muy seria y exige solidaridad internacional.

Acto 1: derrocar a un gobierno legítimamente elegido

 1) Al principio la estrategia era derrumbar un gobierno legítimamente elegido. Aécio Neves, el candidato del PSDB (derecha) derrotado por Rousseff en las elecciones presidenciales de diciembre de 2014 (ahora caído en desgracia debido a las múltiples acusaciones de corrupción), establece a partir de julio de 2015, la estrategia de lo que sería, un año después, el golpe de estado, a pesar de que la presidenta Dilma no tuviera ninguna acusación de corrupción en su contra: "No perdimos las elecciones para un partido político, la perdimos para una organización criminal", y concluye: "al final de mi gobierno, que no sé cuándo será, pero probablemente más rápido de lo que algunas personas imaginan, los brasileños serán más pobres". Este clima de confrontación fue planteado desde el primer día del segundo mandato de Dilma Roussef, que no lograría gobernar.  La Cámara de Diputados, en la cual la Presidenta no tenía mayoría, bloqueó todos los proyectos enviados al Parlamento.

2) Eduardo Cunha, vicepresidente del Congreso Nacional y conocido corrupto (ahora en prisión desde hace casi dos años), se declara enemigo mortal de la Presidenta, que se negó a aceptar sus chantajes. Él declara públicamente que la haría caer. Excelente oportunidad para que los barones de la política y economía brasileña crearan la necesaria inestabilidad política, permitiendo - en asociación con la grande media, Aécio Neves y su PSDB - , que Cunha diera continuidad al golpe.. Solamente después del impeachment, cuando Cunha ya no era más útil, lo llevaron a la prisión.

Sin lograr imputarle a Dilma ninguna acusación de corrupción, el Congreso decide declarar ilegal una transacción fiscal hecha normalmente por los 26 estados de Brasil, además de los municipios, y muchos otros gobiernos en el mundo. La transacción consistió en adelantar, en los meses de noviembre y diciembre, fondos del presupuesto del año siguiente para garantizar el pago de las políticas sociales, como el programa Bolsa Família ("beca familiar"), para brasileños muy pobres. No solo lo declararon ilegal, cuando sería en el peor de los casos una infracción administrativa, sino como un  "crimen de responsabilidad", logrando así provocar la apertura de un proceso de impeachment por parte del Congreso.

La gran prensa convierte ese “crimen” en una pieza de publicidad política, dándole un nombre más asimilable por la población: el "pedaleo fiscal". A partir de ese momento, cualquier taxista en Brasil pudo hablar durante horas sobre cuán grave era el delito y cuan corrupta era la presidenta.

Después de una serie de maniobras, algunas ilegales, pero hechas con el apoyo declarado del poder judicial (como grabaciones por la policía en la residencia de la presidenta, inconstitucionales), el Congreso votó por la destitución de la Presidenta. Los senadores, que también tuvieron que votar, fueron públicamente "comprados" por el vice (y futuro) presidente Michel Temer (PMDB), a cambio de cargos importantes para sus aliados en la nueva administración.

Es importante entender que Lula y Dilma, así como Fernando Henrique Cardoso (PSDB, antecesor de Lula), tuvieron como vicepresidentes miembros del partido político más corrupto y "gobiernista" de Brasil, el PMDB, cuya táctica política consiste en nunca alejarse del poder. Por tener gran cantidad de diputados, el apoyo del PMDB es condición necesaria para quien quiera formar mayoría en el parlamento. Dilma, sin embargo, seria traicionada por su vicepresidente, hoy el presidente-usurpador, Michel Temer, involucrado en docenas de casos de corrupción.

Mostrando cómo todo era una farsa, el Congreso decidió retirar a Dilma, dejándole como "premio consuelo" sus derechos políticos, una aberración constitucional (la Constitución postula claramente que, en caso de impeachment, deberán ser retirados los derechos políticos del acusado por ocho años). Pero en ese momento, la Constitución brasileña ya no valía nada. El impeachment era anticonstitucional porque se basaba en un crimen que no existió y la aplicación del impeachment fue “adaptada” en una especie de juego político. El Tribunal Supremo, en su primera demostración de servidumbre a los poderes dominantes, preside esta ópera de inconstitucionalidad, dándole aires de legalidad.

Miles de personas vestidas con la camiseta amarilla de la selección brasileña salen a las calles para pedir y apoyar la caída de Dilma. Son convocados por las campañas masivas de la prensa, grandes almacenes, bancos, que financian publicidades multimillonarias en contra de Dilma, con slogans como "venga a la calle usted también", "el gigante Brasil se despierta", etc. La prensa reproduce las fotos de las manifestaciones que recorren el mundo. Se tiene la impresión de una “primavera árabe” brasileña contra su presidenta.

Lo que la prensa no mostró sistemáticamente y que el mundo probablemente no ha visto es que, para cada evento de este tipo, había otro, tres veces más grande, reuniendo a cientos de miles de seguidores de Dilma y Lula en las calles brasileñas. La forma en que estos hechos fueron ocultados por la gran prensa merece una tesis de periodismo. Afortunadamente, las redes sociales mostraron la fuerza de las manifestaciones en favor de Lula y Dilma.

Eduardo Cunha, convertido en inútil, sufrió un juicio "ejemplar" y fue enviado a prisión. Varios escándalos en la prensa mostraron que él probablemente recibía altos pagos para mantener su silencio.

Pero la clase media brasileña, la que justamente más se había beneficiado del crecimiento económico bajo Lula, mostró todo su prejuicio hacia los más pobres. Un presidente obrero y sin diploma universitario solo podía ser un vagabundo, solo podía estar allí para robar y la presidenta que él había puesto en su lugar solo podía ser igualmente ladrona e incompetente, ya que  era una mujer y, además, apoyada por un analfabeto. A pesar de su imagen internacional positiva, Brasil sigue siendo un país racista, machista y profundamente elitista que ni siquiera ha logrado superar el legado de la esclavitud. Ese discurso tortuoso está ganando fuerza gracias, esencialmente, al apoyo de la gran prensa. A pesar de su popularidad entre los pobres (que, por primera vez, gracias a las políticas de Lula estaban, por ejemplo, empezando a tener acceso a las universidades) y los sectores intelectualizados de izquierda, Lula pierde el apoyo de las clases medias y Brasil se divide.

Al mismo tiempo, en las elecciones presidenciales de 2010 (cuando Lula logró postular a Dilma por primera vez), ante la popularidad de Lula y Dilma en aquel momento, la derecha y el PSDB tenían como último recurso, la puerta abierta a la extrema derecha. José Serra, el entonces candidato, había invitado a los sectores de extrema derecha a tomar parte activa en su campaña. Sin éxito. Pero el daño ya estaba hecho. Cada vez más visible y sin intimidarse con la justicia (que en estos casos no hace nada), el discurso del odio, el racismo, los prejuicios contra los pobres y contra las mujeres pasó a ser expreso de forma más libre y generalizada a partir de la prisión de Lula, incluso en los comentarios de la prensa. Un periodista de la radio dijo en estos días: "reconocemos a los simpatizantes de Lula por su apariencia". Este discurso sirve, de hecho, para desmoralizar todas las políticas de Lula y Dilma hacia los más pobres y las minorías.

3) Solamente seis meses después del impeachment de Dilma, el Congreso Nacional nuevamente votó la LEGALIDAD de las "pedaleadas fiscales". Todo ha vuelto a su orden y el nuevo presidente, Michel Temer, adelantó dinero en diciembre de 2016 correspondiente al  presupuesto de 2017 y en una proporción dos veces más elevada de lo que había hecho Dilma. Sin embargo, ahora era legal.

Desde entonces, una serie de escándalos se suceden (no necesariamente en ese orden cronológico): asesores muy cercanos al presidente son sorprendidos con maletas llenas de dinero, una escucha (esta sí legal) de la Policía Federal muestra diálogos sorprendentes del presidente con objetivo de sofocar testimonios que podrían implicarlo, el candidato derrotado por Dilma, Aécio Neves, también está cargado de acusaciones de todo tipo. Cae en la desgracia política, pero hasta ahora no se ha amenazado con encarcelarlo. Un senador de su partido tuvo un helicóptero de su propiedad detenido mientras transportaba 500 kg de cocaína. El senador no sufrió ninguna acusación.  

En una serie de televisión producida por Netflix el mes pasado, con el tema de la llamada "justicia" contra la corrupción en Brasil, dirigida por el controvertido director de la serie Narcos, el autor pone en la boca de un personaje expresidente con una barba blanca, que recuerda en todo a Lula, una frase contra la operación anticorrupción dicha, en la vida real, no por Lula, sino por un senador corrupto del gobierno de Temer. La verdad de los hechos es manipulada constantemente, todos los grandes medios de comunicación son utilizados para confundir y hacer de Lula el bandido número uno de Brasil. Sin embargo, Lula fue claro en su discurso histórico el día de su prisión: "No estoy en contra de la operación anticorrupción, ella es necesaria para Brasil. Lo que sí estoy en contra es de que la transformen en un instrumento de persecución acusando a las personas, y a mí, sin pruebas".

Al mismo tiempo, el nuevo "presidente" está iniciando un proceso de destrucción sistemática de todas las conquistas sociales obtenidas desde la Constitución de 1988 y después bajo el gobierno de Lula: fin de las leyes laborales, revisión de la jubilación, reducción de las tierras indígenas, fin del programa de vivienda, y así sucesivamente. Lo más conmovedor es ver la odiosa reacción de las clases medias, por ejemplo en las leyes laborales, diciendo que "debemos terminar con las políticas creadas por Lula para los vagabundos que no trabajan", mientras que recaerá sobre ellas, en el futuro, los efectos irreparables de estos contratiempos.

 Acto 2: destruir el Partido de los Trabajadores (PT) y a su líder, Lula

El problema es que con todo esto, Lula, predecesor de Dilma, presidente responsable por el mayor crecimiento económico de Brasil en los últimos 30 años, líder popular indiscutible, fue catapultado desde el impeachment al primer lugar de todas las encuestas presidenciales, lugar de donde hasta ahora no ha salido,  Ya no era suficiente eliminar a la presidenta, era necesario interrumpir este movimiento y la fuerza de Lula a todo costo.

Sergio Moro, un juez federal de primera instancia, antes insignificante, se catapultó a la fama al ser indicado para conducir la operación anticorrupción llamada "Lava Jato” (operación autolavado). Moro es juez de la 13ª Jurisdicción Federal Criminal de la ciudad de Curitiba en el sur de Brasil, donde el movimiento anti-Lula es muy fuerte, así como el separatismo en relación al "Brasil pobre (y no blanco) del Norte". En las acciones de esta operación, Moro decide abrir un juicio por corrupción contra el ex presidente.

Moro tiene algunas características que no pueden ser ignoradas: él es el hijo de un político del PSDB, el partido de oposición que lideró el impeachment de Dilma, su esposa es una ejecutiva del mismo partido en su estado (Paraná). Moro es conocido por su odio contra Lula y lo expresa hace tiempo, incluso como juez, en las redes sociales. Es conocido por llamar al ex presidente "nine fingers", una alusión al hecho de que Lula perdió un dedo en un accidente industrial. Moro además tiene un súper salario, lo cual es inconstitucional. En algunos meses, alcanzó los 30 mil euros, gracias a las "ayudas" extra-oficiales que los jueces se auto-ofertan y legalizan. Aunque en Brasil esté prohibido que un funcionario público reciba un salario superior al techo establecido por el Presidente, los sueldos de los jueces son muchas veces más altos. Una corrupción "formalizada", ya que se trata del uso de fondos públicos para beneficio personal. Moro está encargado de combatir la corrupción, pero tiene el ADN de la corrupción en su sangre. Es un típico miembro de la élite brasileña, la que odia a los pobres y a Lula.

Moro decide perseguir a Lula a partir de la construcción de una fábula pintoresca: una gran empresa de construcción llamada OAS habría ofrecido a Lula un apartamento tríplex en la playa (de aproximadamente 280m²) a cambio de favores del presidente en contratos con Petrobras, el gigante petrolero brasileño (empresa pública). El lado más extraño de su versión es que Lula habría blanqueado dinero mediante la compra de este apartamento de menos de 300m². Algo está mal entre la magnitud imaginable de valores de una eventual desviación de fondos de contratos petroleros y el valor de un apartamento como este. Pero nadie y especialmente los medios de comunicación, parecen estar preocupados con la consistencia de las acusaciones. La prensa, que construyó cuidadosamente con Moro el paso a paso de esta maniobra, hace de esa acusación un escándalo nacional contra Lula.

Resulta que la esposa de Lula (que murió de un accidente cerebrovascular después de tantas persecuciones) había pedido para comprar este apartamento en 2007, pero Lula no hizo un seguimiento de la compra. Estuvo ahí una única vez en su vida para decir que no lo quería. El apartamento, en obras hasta hace poco, nunca estuvo a su nombre ni al de su esposa.  Está hasta hoy en el nombre de la empresa OAS. Los primeros ocho testigos de la acusación han negado cualquier conexión de Lula con ese apartamento. En las sesiones del juicio de Lula con el juez Moro, Lula dice en repetidas ocasiones (videos están disponibles en internet): "Sr. Juez, por favor, muéstreme las pruebas que soy el dueño de este apartamento y me presento inmediatamente para ser encarcelado voluntariamente ". Moro nunca las tuvo. Peor, Moro no logró demostrar la propiedad del apartamento y menos aún la teoría del blanqueo de dinero.

2) Necesitando encontrar pruebas que no tenía, la siguiente acción del juez consistió en impulsar las versiones de que este apartamento era la punta de un iceberg de una red de crímenes y corrupción encabezada por Lula y asociada a las principales empresas de edificios e infraestructuras del país. Es como si un juez francés decidiera involucrar a cualquier presidente en todos los asuntos relacionados con Lafarge (y su negocio con el IS), Alstom (acusado de corrupción en Brasil en los astilleros de metro), Elf, Bouygues, etc. De hecho, habría suficiente para muchas acusaciones. La pregunta es hasta qué punto un presidente sabe y participa de todo eso, y si lo sabe, cómo encontrar pruebas concretas. Sería muy útil e interesante se fuera posible probarlo, pero dentro del marco de la ley, con investigaciones serias, pruebas y todos los plazos y llamadas garantizadas. Pero no, en Brasil fue utilizado por Moro como un arma de persecución política. Sin pruebas concretas.

A favor de Lula, cabe señalar que si el gobierno anterior, de Fernando Henrique Cardoso (PSDB), ordenó lanzar en ocho años 48 operaciones anticorrupción por la Policía Federal, Lula y Dilma, en 12 años, ordenaron 2.226. Además, fue Lula quien reestructuró la misma Policía Federal para aumentar su capacidad de combatir la corrupción. Sin embargo, lo más inusual es la inmoderación de la acusación. En un país donde los propietarios de las redes de TV y los grandes multimillonarios poseen, ilegalmente, islas enteras, con villas no autorizadas de unos miles de metros cuadrados y unos millones de dólares, Moro hace pasar la idea de que Lula aceptaría sobornar contratos del gigante petrolero por un apartamento de menos de 300m² en una playa de clase media de la costa de São Paulo. La aceptación de la credibilidad de esta acusación por parte de la sociedad solo puede explicarse por los prejuicios existentes en Brasil hacia los más pobres: "Lula no sabe cómo ser corrupto, el mundo de las mansiones y millones no es para él”.

Lo más impresionante es que una simple búsqueda en Google muestra que Cardoso, ex presidente del PSDB (que precedió a Lula) tuvo una hacienda reconstruida por una de estas compañías (Camargo Correa), que incluso construyó en las tierras vecinas una pista de aterrizaje para recibir Boeings. Cardoso también está involucrado en acusaciones relativas a la compra de un apartamento en el barrio más caro de São Paulo, a un precio docenas de veces menor que el del mercado, o también relativas a otro apartamento, "préstamo de un amigo" en Av. Foch, en París. Nada de esto, sin embargo, es motivo de investigación o juicio.

Cabe destacar que, en 14 años en el poder, el PT cometió muchos errores y probablemente haya estado involucrado en más de un caso dudoso. La corrupción ha sido endémica en Brasil durante 500 años y no es un gobierno el que detendrá todo de una vez. El PT no está exento de haber tomado malas decisiones e incluso de haber compartido, muchas veces, la lógica histórica de la política brasileña (lo ha hecho, sin embargo, en escala mucho menor que los demás partidos, siendo todavía el único partido cuyos gobiernos trabajan por los intereses de los más pobres). Pero que no se confundan las cosas: bajo la excusa de una falsa lucha contra la corrupción y teniendo a la justicia debidamente controlada, lo que las élites brasileñas han puesto en marcha es, de hecho, una persecución política que representa un golpe contra la democracia brasileña.

Para obtener "pruebas" a todo coste, Moro innova desde el punto de vista legal. Recibe autorización de la Corte Suprema, y esta es su segunda acción a favor del golpe, para que la custodia policial se convierta en prisiones indeterminadas. En 2016, después del  impeachment de Dilma, el Tribunal Supremo toma una decisión todavía más controvertida: por 6 votos contra 5, decide interpretar un texto claro de la Constitución, que postula que en Brasil una persona no puede ser aprisionada antes de completadas todas las llamadas posibles, es decir, en cuatro o incluso cinco instancias. Sin embargo, justo en el caso de Lula, el Tribunal Supremo decide que no, que después de la segunda instancia una persona puede ser encarcelada, aunque las apelaciones a instancias superiores todavía sigan en andamiento.

Esta decisión es importante para comprender qué es lo que realmente está sucediendo hoy con la prisión de Lula.

Estas dos decisiones de la Corte Suprema permiten al juez Moro establecer un método de chantaje legal: envía a prisión a personas que tengan alguna relación con Lula y promete su liberación bajo la condición de que hagan delaciones. La prensa deja escapar que en un caso la exigencia fue aún más específica, precisamente con un funcionario de la empresa OAS, la propietaria del apartamento: "Te dejo salir si presentas acusaciones contra LULA". De esta declaración proviene la acusación del apartamento tríplex.

Pero tan pronto sale a la luz que uno de estos delatores dice que el propio juez Moro habría pedido 2 millones de Reales para permitir una liberación la prensa lo oculta rápidamente y olvida el caso.

El proceso judicial continúa, mientras que el público es acosado por una intensa campaña de difamación contra Lula y Dilma. En cada nuevo episodio del ensayo, a medida que se siente cada vez más la falta de evidencias, las élites sacan sus cacerolas para golpearlas en los balcones de apartamentos de lujo. La población más pobre encuentra cada vez más difícil seguir los meandros legales del caso. La clase media celebra el "fin de la corrupción", mientras que el gobierno actual es probablemente uno de los más corruptos de la historia de Brasil.

No había otra salida. Aunque en Brasil un proceso judicial dura años debido a la morosidad del poder judicial, el de Lula bajo el juez Moro se concluye en un récord de velocidad. La justicia en Brasil no es lenta, lo es cuando le conviene. Sin pruebas, Moro condena al ex presidente, todavía liderando de lejos todas las encuestas presidenciales, a 9 años de prisión. ¿Una pequeña ironía hacia los "nine fingers"? Es muy posible. El juez que solo viste camisas negras, recordando momentos oscuros en la historia del mundo, ya no tiene escrúpulos.

Un libro escrito por más de 100 juristas brasileños es publicado, sin ninguna cobertura de los medios. Denuncian la inconsistencia del juicio de Lula sobre un caso sin pruebas concretas. Los argumentos del juez Moro son tan débiles que él mismo se contradice varias veces y asume que no tiene pruebas. Los defensores de la acusación dicen que no tienen pruebas sino una convicción "de la culpabilidad de Lula". Desde entonces, en Brasil, uno puede ser encarcelado bajo custodia en función de una simple "convicción". Es esta lógica la que permitirá, además, que encarcelen a 4 rectores de universidades federales llevándolos en operaciones policiales con ametralladoras y camiones blindados (aunque la ley prevea antes de todo una convocatoria amistosa ante el juez) por acusaciones como "errores de factura en la compra de fotocopiadoras". ¿El propósito de todo esto? Mostrar a la población que las universidades federales, objeto de una de las políticas más impresionantes del gobierno de Lula, con la creación de un centenar de nuevos campus universitarios en todo Brasil, son solo un brazo de la "máquina criminal" del PT. Uno de los rectores, demasiado humillado por estos eventos, se suicidó. Eso no pareció molestar a nadie además de a las comunidades de redes sociales de izquierda.

Los abogados de Lula apelan a la segunda instancia, un juicio hecho por un panel de tres jueces. De nuevo, un procedimiento que dura más de dos años para personas comunespara Lula dura solo unos pocos meses. El presidente de este jurado prioriza la demanda de Lula pasándola adelante de ...otras 257 que llevaban años esperando. ¡Peor aún, anuncia en las redes sociales que el juicio a Lula, que irá presidir, "es legalmente impecable", aunque formal y legalmente no lo había ni siquiera recibido todavía! Este jurado hace un juicio contundente, con argumentos similares, mientras que se supone que los votos son independientes. Aumentan quirúrgicamente la sentencia de Lula a 12 años y 1 mes. ¿Por qué esta precisión? Porque si fuera una sentencia menor que esa Lula podría, por ley, purgarla en libertad (ya que el "crimen" no comprobado del caso del apartamento remonta a más de diez años), lo que le permitiría presentarse como candidato en las próximas elecciones. Los meandros del golpe están llenos de pequeños detalles perversos.

Acto 3- Los militares entran en juego. La Corte Suprema bajo chantaje. Lula en prisión.

El hecho es que la Corte Suprema había, recuerdese, votado por el encarcelamiento en segunda instancia. Por lo tanto, Lula podía ser encarcelado. Pero sus abogados, alegando que la Constitución había sido cambiada de manera oportunista, solicitan una revisión de esta decisión. Al mismo tiempo, solicitan a la Corte Suprema un Habeas Corpus para que Lula no sea encarcelado.

Los ritos "normales" de la Corte Suprema sugieren, por las fechas cronológicas de las demandas, que sea juzgado en primer lugar la inconstitucionalidad de la decisión sobre la prisión en segunda instancia. Sin embargo, Carmen Lucía, presidenta del tribunal, sabe que esta votación podría anular la prisión de Lula (así como la de todos los condenados en segunda instancia ya encarcelados), de manera que decide invertir el orden de las demandas y juzgar primero el habeas corpus de Lula. De esta manera, aunque la corte cambiara de idea y decidiera, sabe Diós en cuanto tiempo, retroceder en su decisión, lo importante es Lula ya habría sido encarcelado.

En la víspera del juicio final del 4 de abril la movilización por el encarcelamiento de Lula es extrema. Las cacerolas resuenan en las terrazas de los ricos burgueses. La prensa llama a protestas amarillas y verdes por la prisión. Un gigante de las comunicaciones en el país, SKY, envía un correo electrónico a sus empleados instándolos a participar en manifestaciones contra Lula, prometiendo no recortar los salarios del día.

El mismo día, un general retirado dijo claramente en una entrevista: "si la Corte Suprema no vota para poner a Lula en la cárcel, el ejército intervendrá". Unas horas más tarde, el propio comandante del Estado Mayor de los ejércitos emite un twitter de chantaje. Fuera del ámbito de sus atribuciones constitucionales, que le prohíben pronunciarse sobre cuestiones políticas, escribe: "el ejército se solidariza con los deseos de todos los ciudadanos del bien para condenar la impunidad", y "está atento a sus misiones institucionales ". El mensaje no pudo ser más claro.

Aunque la aeronáutica, por su parte, haya hecho una declaración mucho más tranquilizadora y contraria a las palabras del comandante en jefe (lo que muestra que incluso en los ejércitos las opiniones están divididas), la acción de este último tuvo el efecto deseado. Una de las juezas de la Corte Suprema cambió de opinión y votó en contra de Lula, totalizando así  6 votos contra 5 a favor de su encarcelamiento. Un voto tan extraño que la propia jueza admitió textualmente que estaba votando por algo que consideraba inconstitucional. ¿Miedo a los militares?

Por lo tanto, el Tribunal Supremo anuncia que Lula puede ser encarcelado "una vez que se hayan completado todas las apelaciones de segunda instancia", que aún podría durar 15 días, dado que los recursos aún son posibles y legalmente exigibles. Pero la justicia, el derecho de defensa, la presunción de inocencia son valores legales obsoletos en Brasil, al menos para Lula, y ciertamente para los simpatizantes del PT. En menos de 24 horas, nuevamente ilegalmente, Moro emite la orden de encarcelamiento. Y una vez más, uno de los jueces del Tribunal Supremo que votó a favor del encarcelamiento, otorga apoyo "legal" a la decisión de Moro.

Lula va a la sede del Sindicato de los metalúrgicos de São Bernardo, cuña de su carrera política. Moro tuvo la amabilidad de convocarlo para presentarse a la policía en Curitiba al día siguiente antes de las 5 pm, haciendo un gesto en razón de la "dignidad de su posición como presidente", no exigiendo tampoco esposas. Pero Lula tiene una vez más una inspiración típica de su genialidad política. Deja que la policía vaya a buscarlo, mientras el edificio está rodeado por miles de activistas, acompañados de senadores, gobernadores, candidatos presidenciales de izquierda, líderes religiosos en posición ecuménica, cantantes y artistas. La policía, impotente, negocia. Lula dice que se entregará, pero al día siguiente, después de una celebración por los 68 años que cumpliría su esposa ese día. Si Moro quería humillarlo, Lula termina por disfrutar de un escenario privilegiado para hacer el discurso más intenso y conmovedor de su carrera política con la cobertura de toda la gran prensa que lo persigue además de la prensa de todo el mundo. El océano que separa el genio político de Lula y la falta de habilidad de Moro se vuelve todavía más evidente.

En las redes sociales "celebran" el encarcelamiento de Lula con innumerables mensajes de ironía (los brasileños son bromistas). En este caso, se burlan de su nivel de educación, del dedo que le falta, de los homosexuales que "ahora tendrán que abandonar el país", de la "inteligencia" de Dilma (por ser mujer), de los pobres, de los sin tierra, de los negros, de toda esa gente que ahora será "obligada a trabajar en lugar de vivir a expensas del gobierno", en suma, de la "muerte de la izquierda". La corrupción nunca se menciona. Cuando el avión que llevaba a Lula a Curitiba estaba en el aire, así como en su aterrizaje, se escucharon mensajes en el radio VHF: "aprovechen para tirarlo del avión", "sería bueno si no llegara a su destino". Se supone que solo los automóviles de la policía en las cercanías de ambos aeropuertos tienen VHF y conocen las frecuencias de los aeropuertos. El odio y la intolerancia describen a Brasil emergiendo de los escombros de una democracia devastada.

Acusando a la prensa y a la justicia por su persecución, Lula reafirmó su inocencia y desafió una vez más a que se presente la evidencia de la propiedad de este apartamento que se le acusa haber recibido. Especialmente, transmitió un poderoso mensaje: "Quieren detenerme y lo aceptaré, porque no entendieron que ya no me detendrán, porque ya no soy un ser humano. Soy una idea, una idea de Brasil que está en todos ustedes, ahora ustedes son todos Lula, y todos los días que pase en prisión, más Lulas aparecerán en las calles”. Moro trató de humillarlo, Lula salió aún más grande. Los próximos días estarán agitados.

¿Qué debemos esperar ahora? El PT tiene una estrategia bien definida, no eliminará a Lula de la lista de candidatos. Si alguien tiene que hacerlo, que sea la justicia, que pague el precio político de hacerlo y que se demuestre claramente la persecución. Hasta entonces, Lula continuará en las encuestas y es posible que ahora explote aún más su ventaja (en encuesta Vox Populi del 17 de abril, más de una semana después de la prisión, Lula ganaria en el primer turno). A último momento, cuando el Tribunal Electoral prohíba su candidatura, el propio Lula indicará quién lo reemplazará. Muchos nombres son posibles, el del ex-alcalde de São Paulo, Fernando Haddad, aparece con fuerza. Pero sea quien sea, es probable que él (o ella) reciba camiones de votos.

Es posible que Lula salga de la cárcel. En primer lugar, la prisión en segunda instancia aún no ha sido juzgada por el Tribunal Supremo, y tendrá que serlo.. Existe la posibilidad de que la decisión sea contra la prisión. Uno de los jueces concedió una entrevista que muestra la división en la Corte Suprema: "es hora de que Brasil recupere su Constitución". Además, el juicio del tríplex de Lula llegará también a la Corte Suprema, como última instancia de apelación y allí la fragilidad de las acusaciones puede volverse insostenible. ¿Pero qué podemos esperar de una Corte Suprema dividida?

El hecho es que la derecha brasileña ha jugado todas sus cartas y parece haberlas agotado. Aunque pueda parecer contradictorio, con Lula en prisión, es él quien da las cartas. Con mucha fuerza, gracias al apresurado gesto de Moro. Se ha vuelto demasiado obvio que su feroz persecución a Lula va más allá de las leyes y la Constitución y el mundo entero está diciéndolo. Esta maniobra la ha podido hacer gracias a la benevolencia de un Tribunal Supremo cuyo papel sería proteger la Constitución pero que ahora enfrenta los riesgos sociales de provocar a una parte importante de la población. El país está destrozado, pero nunca la izquierda se ha unido tan fuertemente. El problema ya no es defender la candidatura de Lula, sino defender nuestra democracia.

Pues lo más preocupante y peligroso de todo esto es que se oficializa, ahora en Brasil, pero probablemente muy rápidamente en todo el continente, la era del uso político de la justicia. Ya es posible encarcelar sin pruebas, ya es posible utilizar el encarcelamiento como instrumento de presión para obtener las delaciones que se quiera, todo eso haciendo uso del lenguaje jurídico que pocos entienden. Con la ayuda de la prensa se permite una nueva justicia que se acerca demasiado al autoritarismo, los abogados de Lula son claros; su proceso tiene decenas de "invenciones jurídicas" completamente autoritarias e inconstitucionales.

Los más grave todavía es que este episodio muestra que un juez puede sin problema alguno inventar acusaciones. El caso del triplex es simplemente escandaloso. El 17 de abril, el movimiento social de lucha por la vivienda (MTST), ocupó el apartamento. Decían: "si es de Lula, es del pueblo y podemos quedarnos, ¿pues quien va a pedirle a la justicia que nos saque de acá? Y si no es de el entonces, ¿por qué  Lula está en la cárcel?" Evidentemente la policía no se preocupó por eso y los echó a todos. Las fotos que sacaron en el interior del apartamento, que según Moro cuesta más de 1,2 millones de Reales son impresionantes. Esta es, por ejemplo, la cocina de ese "palacio" de blanqueamiento de petrodólares. ¿Alguien realmente puede creer en la versión de Moro? Parece que la justicia ahora puede simplemente inventar lo que quiera. Se puede imaginar el peligro de este nuevo uso de la justicia, el "lawfare".

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Esta era la foto publicada en el canal de informaciones R7 - de la Red Record - del mismo apartamento, con los comentarios sobre las supuestas reformas que Lula habría hecho allí. Una imagen vale más que mil palabras para mostrar la manipulación. 

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En la semana del 22 de abril los abogados de Lula presentaron un nuevo recurso a los tribunales superiores: preguntan porque Moro no los autorizó, a lo largo del proceso, a visitar el triplex para fiscalizar las obras que el juez afirmaba que habían sido realizadas con el dinero de la corrupción, lo que incluía la instalación de un ascensor interno. Con las fotos que fueron tomadas en su interior se vio que el ascensor no existe. ¿Moro usó falsas pruebas y negó a los abogados la posibilidad de verificarlas? Los abogados también se preguntan por qué la nota fiscal de la empresa que habría hecho la obra no es de Guarujá, la ciudad donde está el apartamento, sino de Curitiba, ciudad donde está Moro, a miles de kilometros del triplex. Aún peor, la dueña de la empresa seria afiliada al PSDB, partido que perdió con Aecio Neves, las elecciones contra Dilma. En cualquier país del mundo todo eso sería un escándalo. Pero no en Brasil. 

Lo que va a pasar ahora dependerá de en qué medida el Tribunal Supremo desempeñará su papel o si, una vez más, se avergonzará de haberse inclinado ante lo peor de la sociedad. La voluntad democrática del pueblo es violada por decisiones que son cada vez más ilegales, pero finalmente, parece reaccionar de una manera más consistente. Los militares están en guardia. La prensa continúa su acción irresponsable, que se multiplicará. Se ha vuelto un ejercicio  intolerable escuchar  la radio o mirar televisión porque de manera general sus programas se han convertido en una constante propaganda política contra el "bandido" Lula. Pero las redes sociales también juegan un papel importante. Todo puede pasar. Incluso una entrada más efectiva de los militares en el juego. ¡Es por eso que los ojos vigilantes del mundo son más que nunca necesarios para salvar nuestra democracia!